Todos los años busco cuáles son los cortos animados que han nominado en los Oscar. Este nuevo hábito llegó hace unos años y comenzó gracias a ir a las películas de Pixar y que antes de que comiencen aparece un corto súper genial que con pocas palabras y minutos logra sumergirte. Este año, ha ganado un corto llamado “The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore“, y aunque es más largo de lo normal, con 15 minutos en total, no tiene nada de perdida verlo.
No quiero contar de qué se trata pero sí quiero compartir mis conclusiones después de verlo dos veces. Me recordó lo genial que es la vida con los libros, cómo estás en un estado gris sin nada de información ni aprendizaje si no lees. Como todo el mundo debería llevar un diario porque nuestras vidas son más divertidas de lo que pensamos, especialmente si tenemos alguna manera especial de contar nuestras historias. Desearía poder tener la disciplina para aplicar esta idea para mi misma, pero la verdad es que no logro crear la rutina. Leyendo “Then Again” de Diane Keaton (sí, la actriz) me dieron más y más ganas de tratar de escribir sobre lo que observo y las experiencias que tengo, no solo para desahogarme sino también porque sería un libro de historia para mis familiares del futuro.
Por otro lado, aunque no sea la idea más “verde” que exista, me encanta la posibilidad de seguir teniendo libros físicos. Aunque es muy práctico leer un libro digital, es fácil de conseguir, puedes evitar comprarlo, y tienes un Kindle o tableta para traer y llevar tantos como quieras, me parece que no hay un mejor lugar y una manera más especial de entregarse a una historia que con un libro físico, que tiene olores, que sientes al tacto, que se deteriora, y que por lo tanto es mucho más personal. Tener un libro físico es como enviar una carta escrita a mano por correo clásico; tener un libro digital es como enviar un correo electrónico, por ahí va la analogía. Ambos cumplen su propósito, pero el primero tiene un toque único y personal que esta época digital ya no nos deja disfrutar.
En este momento desearía que fuese casi una ley esto de escribir tus propios libros sobre nuestras vidas. Por ejemplo, creo que sería ideal que todas las familias guardaran un libro de recetas que se pase de generación en generación para no perder esas cosas geniales que se comían. ¿Cuántos platos nos comemos que nunca más volverán a prepararse porque alguien ha muerto y no lo dejó de herencia?
Al menos a mi me gustaría tener un libro donde estén todos los datos que mi abuela paterna conocía, amante de la buena comida hasta que murió, de la etiqueta y de reunir a al menos 6 personas para comer hasta reventar. He heredado esta característica en mi personalidad de ella y cuando murió yo solo era una adolescente que le daba fastidio estar con su abuela, así que nunca aprendí cómo cocinar esa fabulosa salsa napolitana, o qué le ponía a la natilla que siempre me ofrecía como postre y que añoro cada tanto tiempo.
En ”The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore” no necesitarás traducción, solo ver y escuchar la maravillosa banda sonora que narra sin palabras todo lo que sucede en el corto. Al terminar de verlo te darán ganas de ir a leer un libro porque los libros son vida y dan vida.


