Reconciliandome con Firefox, un intento de divorcio de Google

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Hace muchos años ya, en la época en la que creía como la mayoría de la gente que Internet era el icono feo de la “e” de Internet Explorer que salia en el escritorio del Windows 98, una tía hipster-early-adopter fanática de comprar biblias online me presento Netscape Navigator y ese día hizo que me diera cuenta que Internet era un mar muy, muy grande y para navegar por él había mas que un barquito azul.

Así un día en mi primer año de universidad fui a un sitio nuevo muy cool que habían abierto para navegar por Internet, tomarse un café y jugar al counter strike, “el cyber” como les llamábamos en aquella época  tenía como 70 computadoras de lo mas modernas y cuando te desbloqueaban tu unidad aparecía un iconito rojo que parecía ser la cola de un zorrito y era lo que se usaba en el sitio para navegar por Internet, ni señal de la “e” azul por ningún lado.

Creo que el muchacho que monto las redes, configuro los ordenadores y también atendía el cyber fue el primer hater de Internet Explorer con el que tuve contacto en mi vida (hehe).

Al principio me resistí un poco y perdí como 15 minutos de los que había pagado buscando la e de Internet Explorer por todos lados (tanto que me burlo de los que hacen eso ahora); hizo un buen trabajo el muchacho, todo un modelo a seguir para generaciones futuras. Algo me dijo que dejara de perder mi tiempo y comencé a navegar con aquel Mozilla. Varios meses después no había “cyber” al que llegara en el que no instalara yo misma mi versión de Firefox sin importarme que después lo borraran y tuviese que repetir el proceso una y otra y otra vez.

Así comenzó la linda historia de amor que vivimos Firefox y yo por muchos años, con la ocasional montada de cuernos de fin de semana con Opera. Entonces un día Google que ya era lo mas cercano a un dios que he conocido, lanzó su propio navegador: Chrome, y aunque al principio me resistí a usarlo por cierto sentido de fidelidad hacia Firefox que me había acompañado por tanto tiempo, no pude dejar pasar la oportunidad de al menos curiosear.

Lo que al principio fue un “navegador opcional en caso de que Firefox se pusiera muy lento” fue escalando poco a poco. Chrome era mucho mas rápido  mas ligero, mas bonito. Firefox se me hacia ya como un matrimonio que se quedaba sin pasión, ni amor y todo lo que teníamos era un montón de extensiones que tarde o temprano podrían encontrar vida en otro lugar y sin las que podría vivir, solo era cuestión de acostumbrarme, así que, entre la novedad y la enorme sensación de velocidad que sentía al usar Google Chrome, termine por abandonar Firefox por completo en unos meses, al punto de que ya ni lo usaba como navegador opcional.

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Los años siguieron pasando y cada día Chrome se hacia mas y mas popular, parecía solo crecer y crecer, llegó a crear la ilusión en mi de que solo podía mejorar y mejorar cada vez mas. Google se tragó mi alma y deposité toda mi confianza en ellos. Le confié todos mis datos y aún lo hago; los servicios de Google se han convertido en una extensión de mi memoria, todos mis gadgets se sincronizan con mi cuenta de Google, excepto mi nevera.

Google me conoce mejor que mi mamá y esto está mal. No voy a hablar de mi relación con mi madre porque no va de este blog, pero si de mi relación con Google. Mientras yo, como muchos, pasamos nuestra luna de miel de varios años con Google, usando todos sus servicios y su navegador, cegados por todo lo que nos “regalaba”, no nos dimos cuenta de que el precio que estábamos pagando eramos nosotros mismos. Un día hice una sola búsqueda para comprar online una tarjeta de puntos para un juego de Xbox Live y a partir de ese momento mi querido Chrome me atiborro de publicidad de mil sitios que vendían lo mismo. Luego vinieron las elecciones en mi país y me atiborro de propaganda politica, cada vez me conoce mas y ya se me esta empezando a hacer perturbador e inquietante.

No me malentiendan, que la publicidad se haga inteligente me parece algo bueno, la publicidad no va a desaparecer y yo seguiré siendo un consumidor toda mi vida, pero me parece que una sola empresa no necesita saber tanto de mi, ni quiero que lo sepa. Las razones para dejar de confiar ciegamente en Google se siguen apilando, pregúntenle a un usuario de Reader.

Al mismo tiempo mi viejo amigo al que abandone, cada vez se comprometía mas con su filosofía de proteger al usuario y su privacidad, ese mismo usuario que lo abandono por otro de dudosas intenciones. Firefox fue mejorando, y en este momento puedo decir, al menos en mi caso, que funciona mejor que Chrome, y no está dedicado a recoger todos mis datos de navegación para venderme publicidad. Como un buen amigo me recibe con los brazos abiertos sin rencores, y yo lo abrazo feliz de ver que no se sentó en una esquina a llorar por lo perdido sino que se dedicó a mejorar sobre su propia base, para volver a crecer.

Así que el primer paso para quitarle algo de mi alma a Google es dejar Chrome y volver a Firefox.

No se cuanto tiempo me tome divorciarme de los productos de Google, ni se si lo logre del todo, porque se han unido casi covalentemente a mi desde hace un tiempo, supongo que es por la mala costumbre que tenemos las personas de crear dependencias con aquellas cosas que parecen hacernos la vida mejor o mas fácil.

Pero al menos ya di el primer paso.

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30 comentarios

  1. victor
  2. willicab
  3. andreswhat
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